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DIEGO MEDINA

Las olas y el sonido del mar acompañan desde siempre la historia de Diego Medina. Un sonido que le es familiar desde que tiene uso de razón, quizás a estas alturas es casi una conversación constante con el océano. Sabiduría que traspasa de su boca y revienta en espuma que se absorbe en la arena de la playa de Horcón. Ahí fueron sus primeras conexiones con el agua, lejos de la tabla todavía. Criado en una caleta de pescadores y artesanos, creció y vivió. Sintió. Aprendió. Y también perdió el miedo. De papá escenógrafo y hippie, luego artesano, su mamá artesana y hippie también. Paz y amor. Dos conceptos que Diego los traspasa a su voz cálida y cercana, con un tono tan puro, tan vivo y sobre todo tan humilde.

Y no fue hasta los 12 años recién cumplidos y después de una lesión en los talones que le impidió hacer deporte de impacto por 1 año, que empezó a hacer body. Estaba empezando diciembre, como olvidarlo. Después de un tiempo y por esos azares de la vida linda, uno de los pioneros del surf, Álvaro Abarca, le pasó una tabla de surf vieja, ancha, antigua y hasta con algunos hoyos. El principio de una senda marcada por la humildad y el éxito. Ganó todo lo que compitió: Ceremoniales, XXL y cuanto campeonato se le puso enfrente. Diego goza, sonríe y después mira hacia abajo. El flash no le gusta. Su relación es con el mar y las olas, ahí es realmente feliz. Y ahí es donde se comenzó a escribir la historia de la senda de Diego Medina por el surf chileno.

Y no fue hasta los 12 años recién cumplidos y después de una lesión en los talones que le impidió hacer deporte de impacto por 1 año, que empezó a hacer body. Estaba empezando diciembre, como olvidarlo. Después de un tiempo y por esos azares de la vida linda, uno de los pioneros del surf, Álvaro Abarca, le pasó una tabla de surf vieja, ancha, antigua y hasta con algunos hoyos. El principio de una senda marcada por la humildad y el éxito. Ganó todo lo que compitió: Ceremoniales, XXL y cuanto campeonato se le puso enfrente. Diego goza, sonríe y después mira hacia abajo. El flash no le gusta. Su relación es con el mar y las olas, ahí es realmente feliz. Y ahí es donde se comenzó a escribir la historia de la senda de Diego Medina por el surf chileno.